Sin abejas no hay futuro

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Las abejas son esenciales para la vida en la Tierra. Miles de millones de abejas se están muriendo en silencio y toda nuestra cadena alimenticia pende de un hilo. Las abejas no solo fabrican miel son una fuerza de trabajo enorme, poderosa y humilde que poliniza el 75% de las plantas que cultivamos.

Existen alrededor de 20.000 especies de abejas, pero las abejas de la miel (Apis mellifera) son extraordinarias ya que polinizan una amplia variedad de flores. Cuando las abejas recolectan su alimento en las flores, los granos de polen que quedan adheridos a sus patas viajan de una flor hasta otra, originando su fertilización resultando en una semilla y un fruto. La magnitud del fenómeno resulta increíble cuando examinamos la labor colectiva. En un panal medio puede haber unas 60.000 abejas, de las que 40.000 salen en busca de alimento. Cada obrera realiza hasta 30 salidas diarias, y en cada viaje puede llegar a polinizar un total de 50 flores. En una sola jornada de trabajo, una colmena puede lograr la fertilización de millones de flores. Los cálculos de AGA sugieren que una sola colmena es capaz de encargarse de fertilizar las flores en una zona de 700 hectáreas, es decir, la superficie equivalente a unos 350 campos de fútbol.



¿Quieres imaginarte un mundo sin abejas? te invitamos a ver la película animada Bee y podrás hacerte una idea de cómo luciría nuestro mundo. Y es que según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) las colonias de abejas en Estados Unidos han disminuido un 30%, mientras que en algunos países europeos se ha perdido el 20% de esta población.

Las abejas mueren debido al uso masivo de sustancias tóxicas, a la acción de determinados parásitos y a diferentes factores climáticos. Estudios cientificos demuestran que cuando las abejas entran en contacto con las sustancias tóxicas pierden sus instintos para regresar a sus casas.

Algunas especies de abejas ya se han extinguido y solo en California, donde se concentra la mayor producción agroalimentaria de los Estados Unidos de América, los apicultores están perdiendo un tercio de sus abejas cada año. Los científicos han estado buscando respuestas. Mientras algunos estudios, financiados a menudo por las compañías químicas, sostienen que esta situación podría deberse a una combinación de factores (incluyendo enfermedades, pérdida del hábitat y químicos tóxicos), potentes estudios independientes han concluido que los culpables son los pesticidas neonicotinoides.

Sin acciones inmediatas para garantizar su labor de polinización, muchas de nuestras frutas, verduras y frutos secos podrían desvanecerse de nuestros estantes y un tercio de nuestros alimentos desaparecería. En Europa entró en vigor el pasado julio de 2013 una legislación de la Comisión Europea sobre la prohibición de uso de tres plaguicidas pertenecientes a la familia de los neonicotinoides, plaguicidas altamente tóxicos para las abajes. Pero existen excepciones a su uso: en invierno, en los invernaderos (donde el papel de los polinizadores es necesario para cultivos de tomates y fresas). Además, se llegan a utilizar en cultivos antes y después de las floraciones.

En los Estados Unidos de América, el Congreso establece que la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) debe legislar sobre las toxinas pero, debido a la influencia de las grandes compañías químicas,esta ley ha sido esquivada durante años. Ahora el ‘Grupo de Trabajo sobre la Salud de los Polinizadores’ de la Casa Blanca puede obligar a la EPA a cancelar el registro de pesticidas para que no se puedan comercializar.

Van 70 años desde la introducción de los pesticidas químicos y por ahora hemos aprendido que algunos de estos causan más daños que beneficios en el cultivo de nuestros alimentos pues también eliminan a los enemigos naturales de las plagas. Peor aún, con el tiempo muchas plagas se vuelven inmunes a los pesticidas, forzando a los agricultores a aumentar la dosis de químicos letales y llegando incluso a envenenarse a sí mismos durante el proceso. Además, existen estudios La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) que muestran que el uso de plaguicidas pueden afectar de manera desfavorable el desarrollo de las neuronas y de las estructuras cerebrales asociadas a funciones tales como el aprendizaje y la memoria.

Hay múltiples iniciativas que se están llevando a cabo en el mundo para frenar el uso de plaguicidas peligrosos para las abejas, por ejemplo a través de Avaaz. Únete a alguna de ellas, consume sólo miel ecológica e interésate por la producción de miel artesanal en tu región.
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