El paro tiene solución

Paro
El paro tiene una solución realizable aquí y ahora: aumentar el tiempo libre de quien ya tiene trabajo, para que quien no lo tiene también pueda trabajar. Que es realizable se ve porque en muchos sitios ya se hace.

En el siguiente gráfico podemos ver los resultados de un estudio de varios países, de entre los cuales el Estado español destaca en ocupar la última posición en cuanto a reparto del trabajo. Las políticas de los países donde sí hay reparto del trabajo tampoco son ideales, entre otros motivos por una falta de reparto de la riqueza, pero lo que deja claro este gráfico es que hay muchas maneras diferentes de hacer las cosas. Hasta ahora, aquí se ha escogido por ser donde peor se hacen las cosas ¿por qué no elegir desde ahora por ser donde se hacen mejor?

Se muestra el reparto del trabajo en países de la OCDE desde que explotó la crisis, en 2008, hasta los peores momentos del 2009. Las barras indican la proporción en que se redujo la suma de los tiempos de trabajo remunerado de todas las personas del país. EL tramo blanco de cada barra indica la parte de esta reducción que se llevo a cabo en base a despidos. El tramo oscuro indica la reducción que se llevó a cabo mediante reducciones de jornada de trabajo de las personas no despedidas, es decir, repartiendo el trabajo. Las barras con una parte por debajo de cero indican que se creó ocupación, si esta parte es de color blanco, o que se incrementó el tiempo de trabajo de las personas que conservaron el puesto de trabajo, si es de color oscuro. El Estado español es el país peor situado, ya que la totalidad del ajuste se hizo a base de despidos. Así se llegó a la situación dramática que vivimos actualmente.


Crecimiento versus reparto

El reparto del trabajo está perdido del debate político que transmiten los grandes medios. En su lugar, lo que se argumenta es cuáles son las mejores recetas para reactivar el crecimiento de la economía. Incluso en los países donde se lleva a cabo, el reparto del trabajo suele plantearse como un parche temporal mientras se espera la reactivación. Podemos pensar que, al final, el problema de fondo es la falta de actividad económica, no? Pues no. El PIB (producto interior bruto) per cápita actual de España es similar al de 2003, y superior al de cualquier fecha anterior. Si el Estado español es mucho más rico per cápita que, por ejemplo, a finales de los 90, de donde sale la percepción de que ahora estamos mucho peor que entonces? Pues del hecho de que mucha gente está efectivamente peor, pero porque ha aumentado la desigualdad y la incertidumbre. Ha aumentado la desigualdad entre clases, y el paro desbocado ha hecho que la desigualdad también aumentara dentro de la clase trabajadora. Además, los impactos de estas desigualdades económicas crecientes se canalizan en parte en función de desigualdades sociales como la de género o la de lugar de origen.


Durante mucho tiempo el crecimiento ha sido concebido como una poción mágica para evitar la conflictividad social, ya que permitía aumentar los ingresos de la mayoría de modo que las clases más acomodadas, no sólo, no perdieran sino que fueran las que más ganaran. Ahora, sin embargo, la poción se está agotando y los “pactos sociales” para el crecimiento han perdido sentido (como había advertido hace tiempo Joan Martínez Alier). 

A la naturaleza cada vez le resulta más difícil proveer recursos y asimilar residuos al ritmo que impone la economía actual. Un ejemplo claro de esto es el petróleo, que constituye la fuente de un tercio de la energía primaria y es la base de casi todo el transporte de la actual economía globalizada, además de emplearse para la fabricación de plásticos y de muchos productos químicos. Al ritmo que se agotan los yacimientos petrolíferos actualmente explotados, serían necesarios nuevos yacimientos equivalentes a cinco Arabia Sauditas sólo para mantener el consumo actual hasta el 2035, pero el petróleo que todavía queda o es muy costoso de extraer o bien está en zonas inestables como Irak. Además, cada litro de petróleo que se despilfarra ahora es un litro menos para las ambulancias del futuro y un poco más de temperatura global durante siglos.


En retrospectiva, poca gente negaría abiertamente que deberíamos haber desinflado la burbuja inmobiliaria con cuidado cuando estábamos a tiempo. En caso de que aún estemos a tiempo, mucho más grave será si no desinflamos con cuidado la “burbuja” del crecimiento ecológicamente insostenible, es decir, si no decrecemos. Es claro que el proyecto del decrecimiento se enfrenta a retos formidables, como confrontar las estructuras de poder, vencer la inercia cultural del consumismo, reconvertir y redimensionar la economía a unos niveles sostenibles y repartir el trabajo y la riqueza, en definitiva, cambiar el sistema. Mirando todo el recorrido que tenemos por delante, no es extraño que a mucha gente le parezca inalcanzable y prefiera mirar para otro lado, pero, si miramos los pasos uno a uno, no parecen tan inalcanzables. En cuanto a reparto del trabajo, ya podemos ponernos manos a la obra.                                     Foto: Robert Bonet


En realidad las necesidades de trabajo que habrá en el futuro son inciertas, ya que en un mundo con menos recursos se deberá producir menos pero de manera más laboriosa. Lo que está claro es que el reparto de trabajo es la fórmula más justa para responder a las reducciones e incrementos de trabajo necesario, y que ahora estamos en una etapa de reducción.


El reparto del trabajo remunerado es una solución directa para personas en paro involuntario y también para las personas que sufren las consecuencias físicas y mentales de un exceso de trabajo
. Además, elimina una de las principales excusas para la desigualdad de género en el trabajo no remunerado, y dificulta que se utilice la amenaza de paro como chantaje para mantener o potenciar actividades económicas que destruyen el entorno.

Como lo hacemos

De todos los cambios que tenemos que hacer, los que implican una confrontación abierta con el l% de la población que controla el grueso del capital son los que muchas personas aún no consideran “realistas”, pero incluso estas personas escépticas pueden sumarse a otros pasos que se pueden dar ya dentro del sistema actual. Concretamente, el reparto del trabajo puede ser viable, en parte, dentro del sistema, como sugiere la experiencia de otros países.


En los países en que se han llevado a cabo reducciones de tiempo de trabajo en respuesta a la crisis, sin embargo, la mayoría de estas reducciones han sido posibles porque las empresas han considerado que les salía a cuenta mantener personal trabajando transitoriamente “a medio gas” a la espera de la recuperación de la economía, a menudo pero no siempre con la ayuda de subvenciones públicas que han tenido la misma visión de provisionalidad. Una parte de la situación extrema del Estado español en el gráfico adjunto se explica por la magnitud de los sectores vinculados a la construcción, sin expectativas de recuperación (es decir, no se trata sólo de lo que se hace mal durante la crisis sino también de lo que se ha hecho mal antes). Dada la situación del planeta en su conjunto y del Estado español en particular, hay que salir de este espíritu de provisionalidad. En el futuro, la manera normal de ajustarse a los cambios en las necesidades de trabajo debe ser repartirlo, también cuando sean cambios sin marcha atrás.


Que esto es factible lo sugiere el hecho de que ya antes de la crisis había países donde la proporción de contratos a tiempo parcial (menos de 30 horas a la semana) era muy superior a la nuestra. Destaca Holanda, con un 36.1 % en 2007, frente al 10.7% de España. Según un estudio de la OCDE, en los países donde esta proporción era más alta, los contratos a tiempo parcial eran más dignos y el paro era más bajo. De la misma manera que en estos países se ha podido difundir el trabajo a tiempo parcial, debemos promover que las jornadas completas sean más breves.


Uno de los motivos por los que el trabajo no está más repartido es que hay una serie de costes por persona trabajadora que hacen que, a menudo, a las empresas les salga más a cuenta tener pocas personas trabajando mucho que muchas trabajando menos. Es clave diseñar una reforma tributaria que contrarreste este efecto. La opción más evidente sería un sistema de cotizaciones a la seguridad social en la que se incrementaran los pagos por hora a medida que aumentaran las horas por persona. Este esquema se podría aplicar independientemente de si la presión recaudatoria total fuera alta o baja. De hecho, parte de los impuestos sobre el trabajo se podrían reemplazar por ecotasas.


A la vez que se cambia la estructura de incentivos, se debería reducir la jornada laboral máxima (se pueden plantear reducciones equivalentes en forma, por ejemplo, de tiempo de vacaciones, edad de jubilación o semijubilación, o “años sabáticos”, pero es la reducción de la jornada laboral la que, además, facilita el reparto de las tareas del hogar) y combatir las horas extra.
Complementariamente, se debería destinar fondos adecuados a la capacitación efectiva para nuevas actividades de las personas provenientes de sectores con un futuro especialmente oscuro, como la construcción.

Yendo más allá

Una tema importante es si debe haber compensación salarial por la reducción del tiempo de trabajo. Es esencial garantizar unos ingresos dignos en el extremo inferior de la escala salarial. En cuanto a los niveles medios, hay que reconocer que no se puede pretender mantener la capacidad adquisitiva actual en un mundo con recursos menguantes que exigen un consumo cada vez más bajo, sobre todo si queremos repartirlo equitativamente con los países del Sur. Sin embargo, el descenso en la capacidad adquisitiva de la clase media se puede y se debe amortiguar controlando precios abusivos como el de la vivienda y recortando los salarios más elevados y los rendimientos del capital, que algún día incluso podrían llegar a quedar neutralizados en esquemas autogestionarios. Desgraciadamente, la parte de este reparto de la riqueza que se puede hacer dentro del sistema es bastante limitada. Para ir más allá, aquí sí que será necesaria una capacidad de presión social que aún no parece que hayamos alcanzado, pero que podemos alcanzar.

Un objetivo clave cuando tengamos suficiente capacidad de presión será desmontar los engranajes de la globalización neoliberal. La globalización surgió de una serie de decisiones políticas que aseguraron que el capital pudiera cortocircuitar cualquier mecanismo democrático, al darle libertad para llevar a cabo sus actividades en los países que le pusieran menos trabas. Estas reformas crearon el escenario perfecto para el dogma según el cual las políticas económicas no deben decidirse pensando en satisfacer necesidades humanas sino, ante todo, en garantizar la “competitividad”. Para revertir estas decisiones, será necesaria una coordinación global de los movimientos sociales como ya ensayó el movimiento antiglobalización y/o que países o grupos de países más osados se vayan despegando.

La vía de los cambios de hábitos individuales y las pequeñas experiencias colectivas son un complemento magnífico de la movilización, en tanto que laboratorio para ensayar y desarrollar nuevas maneras de funcionar y plataforma de cambio cultural.

Quién lo hace

No parece que la mayoría de la sociedad ya esté suficientemente convencida para cambiar el sistema de arriba abajo, pero quizá sí se animará a dar pasos concretos que ya se pueden llevar a cabo dentro del sistema actual, y luego ya veremos hasta dónde podemos llegar . La acción colectiva no es el fuerte de la sociedad contemporánea, pero el reparto del trabajo tiene quién lo puede defender. Hay millones de personas en paro que se beneficiarían directamente y que tienen tiempo para dedicarle un esfuerzo, y muchas otras que se solidarizarían. 

De entrada esta perspectiva puede despertar escepticismo, pero casos como el del independentismo catalán muestran como una idea puede cruzar la frontera entre utopismo y posibilismo casi de un día para otro. 


¿Surgirá un gran movimiento autoorganizado de personas paradas reivindicando el reparto del trabajo? ¿Quizás en el contexto del movimiento 15M, quizás desvinculado? ¿Se conseguirá la reivindicación? ¿Servirá de ejemplo a otros países? Para empezar, lo que podemos hacer es seguir documentando la propuesta para que sea cada vez más sólida, y difundirla.

Salvador Pueyo, miembro de Assemblea Decreixement.

.................................................................................................................................................................................................................

Post en colaboración con Buscant Llavors  

NEF, ‘ 21 horas. Una semana laboral más corta para prosperar en el siglo XXI‘, Icaria, Barcelona, 2012

Artículo publicado en Quaderns d’Illacrua 130, p. 1-3 (La Directa 297, 5 de diciembre de 2012

blog comments powered by Disqus

Lista de correos

¿Quieres recibir nuestras ofertas y noticias?

Suscríbete a nuestra lista de correos

Suscríbete al blog

Feed icon 28x28 Rss

© 2013 - 2020 Ifeel maps. Tu guía saludable.

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para optimizar tu navegación, adaptarse a tus preferencias y realizar labores analíticas. Al continuar navegando aceptas nuestra Política de Cookies.