GreenTech: Una empresa con energia green

Green tech

En Gambia, África rodeada de hoteles, restaurantes y demás elementos propios de los pueblos volcados al turismo, encontramos a GreenTech una empresa green: una pequeña planta productora de bloques prensados de biomasa. Los encontramos buscando en internet y sin saber nada de nuestro proyecto nos invitaron y acogieron. Tras meses de relación por correspondencia, conozco a la familia con quien me comunique y disfruto con ellos de la otra realidad de este lugar, la de los que quedan allí cuando los turistas se van.

La economía social o solidaria suele definirse, como esa parte minoritaria de la economía cuyo motor es el beneficio social, aunque los límites de esta y otras definiciones no están del todo claras. La motivación, el objetivo, son las personas y/o su entorno; aportar algo positivo a la sociedad, ya sea local o globalmente. El beneficio monetario no es el principal objetivo, el que determina las decisiones y acciones, como si hace en la economía privada dominante.

GreenTech es un hermoso ejemplo. No es una cooperativa en sí, ni es una iniciativa comunitaria o participativa. Es una empresa privada, con su correspondiente inversión privada. La producción, si se logra, se vende, a esta ganancia se le llama beneficio y pertenece a las personas que han invertido su dinero. Así que sobre el papel es una pequeña empresa más. En teoría, su objetivo es ganar dinero. Pero en realidad ganar dinero es lo de menos en Greentech. Detrás de todo el esfuerzo diario de Tony y Lenja por dar a conocer su propuesta, lo que encontramos no es el mero interés por el capital. Lo que encontramos es la convicción de que lo que hacen puede marcar una diferencia para las personas y el medio ambiente y viven con la fuerte determinación de implementar esa diferencia de visión, en un contexto muy difícil, de costumbres arraigadas y mucha resistencia a los cambios. 



Su idea es sencilla. Prensar cascaras de cacahuete, con lo que se producen unos bloques que pueden utilizarse como combustible, que aquí se llaman pellets de biomasa. Esto ocurre en Gambia, un país en el que la inmensa mayoría de los hogares y una gran parte de la industria emplean carbón vegetal y madera como combustibles y en el que la deforestación ya empieza a acusar sus límites: es sabido que Gambia importa madera de Senegal para cubrir la demanda interna. Anualmente las plantas procesadoras de Banjul arrojan 12.000 toneladas de cascaras de cacahuete, que en su mayoría terminan quemándose porque nadie ha sabido qué hacer con ellas. Así que el objetivo de Greentech es hacer que esas 12 toneladas se quemen de manera útil. Las ventajas son claras: constituye una gestión inteligente de los residuos, una alternativa energética más ecológica, es también una ayuda para los hogares por ser más barato y más rápido, y no por ultimo menos importante su uso resulta más saludable pues al generar menos humo él bebe atado a la espalda de la madre que cocina tose menos.

Aunque las ventajas son tan claras, la expansión de esta empresa está resultando ser lenta. Tenemos la sensación de que existe cierta relación entre la dificultad que tienen para que la gente adopte esta nuestra nueva propuesta y la estructura de esta iniciativa, en la que sólo una pareja diseña e implementa una alternativa energética, de manera muy eficiente y para el beneficio de la comunidad, pero sin la participación de esta comunidad. Parecería que la comunidad siente la iniciativa como algo externo, la miran de reojo y dicen que está muy bien pero luego no consumen su combustible. E irónicamente por otro lado, los móviles son algo externo y caro pero todo el mundo tiene uno. ¿Porque a África ha llegado la fregona, pero nadie usa escurridor? Misterios de la vida.

Es precisamente por su estructura, que hay quien podría decir que Greentech no es economía social. La iniciativa nace del humano deseo de proteger los bosques y aportar algo a las familias, pero los trabajadores y los usuarios no participan en el proyecto. Conociendo a esta pareja personalmente, podemos asegurar que, si la empresa da beneficio, estos se utilizarán en gran parte para seguir generando conciencia ambiental. Siguiendo el modelo empresa privada bien intencionada con fundación que revierte parte de su beneficio en la comunidad. Nada que ver con el modelo empresa privada no-especialmente-bienintencionada, con fundación que da buena imagen y además goza de beneficios fiscales.



¿Dónde está la pega entonces? ¿Porque los defensores del cooperativismo, de la democracia directa, los fans del asamblearismo y la auto-organización, dirían que esto no es un modelo válido?

La respuesta está en El Poder. El poder de decisión y de administración del capital en GreenTech se mantiene concentrado. Las buenas prácticas de la empresa dependen de las buenas intenciones de quienes tienen este poder. Actuar en beneficio de la comunidad es una decisión revocable. Además, en este modelo las capacidades de los usuarios y beneficiarios ni se consideran ni se valoran ni se buscan. La comunidad es un mero cliente, es un agente pasivo consumidor y dependiente. Cuando algo se construye en comunidad, puede ser menos eficiente en los estrechos términos a los que estamos acostumbrados, pero los beneficios son tan amplios como intangibles. Capacitación, autoestima, desarrollo de un sentido crítico y capacidad de ocupar el espacio de poder propio de cada uno, incluyendo a las mujeres. Se desarrollan el sentido de responsabilidad colectiva y la capacidad de cooperación y de gestión de conflictos. La comunidad se hace fuerte, más independiente. En definitiva, construir en colectivo es una herramienta de transformación social.

Otras personas opinan que no está mal que quien hace las cosas bien simplemente las haga. Es más eficiente y probablemente se hará mejor. Y en muchos casos, la diferencia es que se hará. En Greentech es muy difícil imaginar la fase de investigación y puesta en marcha en colectivo, con una comunidad iletrada, en comparación con la capacidad de una pareja con formación y determinación. Lo alternativo sufre muchas veces de perfectivitis. Tiene que ser ecológico y horizontal, 100% independiente, incluir la perspectiva de género y además constituir una alternativa factible y replicable que pueda sustituir totalmente a su análogo convencional. Y si no se cumple todo, lo empezamos a mirar de reojo y arrugando la nariz.

Nosotras nos queremos quedar con lo que esta iniciativa aporta y con las personas que hay detrás. Personas para las que los ideales y los principios pesan y que siguen empeñados en implementar esta alternativa, aunque por ahora no les de nada de beneficio. Les está costando expandir el uso de este combustible, porque la gente no cambia de costumbres fácilmente, pero ellos siguen trabajando día a día, generando conciencia ambiental en las casas, en las escuelas y en los despachos. Trabajando día a día, mucho más para los demás que para ellos mismos.

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Este Post es una colaboración de Permact
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